Desde esa central de inteligencia se han tejido las revoluciones de
colores y las primaveras árabes no en balde su página web es traducida
en 40 idiomas.
El jiu-jitsu es un arte marcial japonés
basado en la defensa sin armas. Se practica en el país del sol naciente
desde hace dos milenios. Su origen data de las batallas entre los bushi,
guerreros clásicos, contra los samurai, guerreros con armaduras, que
eran neutralizados y vencidos sólo a través de luxaciones,
estrangulamientos y derribos.
Gene Sharp, profesor de Filosofía y
Política y fundador del Instituto Albert Einstein, organización “sin
fines de lucro” que promueve “la defensa de la libertad y la democracia y
la reducción de la violencia política mediante el uso de acciones no
violentas”, acuñó el término Política Jiu-Jitsu en su libro Politics of Nonviolent Action: Part One : Power and Struggle publicado
en 1973. Con este término, Sharp, nacido el 21 de enero de 1928, se
refiere a derribar al oponente desequilibrándolo mediante una estrategia
política.
La clave de Gene
Sharp radica en que el poder no deriva de una cualidad intrínseca de
quienes están en el poder, es decir, el poder no es monolítico. Según
Sharp, toda estructura de poder descansa en la obediencia de los sujetos
a las órdenes de la dirigencia política. De esa forma, si hay
desobediencia civil cae el gobierno. Esta base ganada a la desobediencia
tiene en los estudiantes universitarios un porcentaje significativo.
En este sentido el cubano Raúl Antonio Capote cuenta en su libroEnemigo,
que cuando estaba infiltrado en la contrarrevolución en la propia Cuba
recibía instrucciones de la CIA dirigidas “a crear, mejorar e
incrementar el trabajo de redes entre los estudiantes universitarios”
con la finalidad de utilizarlos “para provocar un caos social y
político, generar bajo las banderas de la no violencia disturbios de
calle, atraer a la prensa internacional, provocar la represión mediante
la realización de actos violentos e ilegales” para luego divulgarlos a
través de las empresas privadas de comunicación social “para justificar
cualquier acción contra la revolución, presentándola como un acto de
justicia”.
Gene Sharp
reside en un primer piso de un edificio de Boston donde también funciona
el Albert Einstein Institution (AEI). Ese piso es en realidad un
laboratorio imperialista que funciona como un teatro de operaciones de
desestabilización contra gobiernos que no se someten a los intereses de
Estados Unidos. Desde esa central de inteligencia se han tejido las
revoluciones de colores y las primaveras árabes no en balde su página
web es traducida en 40 idiomas.
El 10 de octubre de 1998 un grupo
de estudiantes universitarios de derecha fundaron en Belgrado una
oscura organización llamada Otpor (Resistencia). Más tarde uno de sus
líderes, Srdja Popovic, recibió la visita de Robert “Bob” Helvey, un
coronel retirado del ejército estadounidense que participó en la guerra
de Vietnam y que es quien hace el trabajo “en el terreno” del AEI, para
desestabilizar Serbia hasta llegar, en el curso de dos años, al
derrocamiento del gobierno de Slobodan Milósevic.
Desde el AEI se
sabe que electoralmente es harto difícil sacar a Nicolás Maduro de
Miraflores, por ello, la labor de Gene Sharp se centra en leerle la
cartilla a líderes burgueses tipo Ken o muñequitos de torta para que
estos llenen la cabeza de porquería a estudiantes universitarios; con la
ayuda de la radio, la televisión, Hollywood, la iglesia y los
currículos eurocéntricos de las universidades; y así poder deponer
gobiernos y sistemas políticos legítimamente constituidos.
Las
manitas blancas representan la antítesis de los 85 estudiantes del
Seminario de Santa Rosa que lucharon del lado republicano al mando de
José Félix Ribas por la protección de La Victoria. Gene Sharp sabe que
las manitas blancas si les hubiese tocado vivir aquel 12 de febrero de
1814 estuviesen en el bando de los realistas obedeciendo las órdenes de
José Tomás Boves ¿o no?
Autor: Prof. Dr. Alí Ramón Rojas Olaya (Ph.D), Rector de la Universidad Católica Santa Rosa.
(RNV)